Octubre 2024 – Noviembre 2024
Los puertos son lugares funcionales que surgen con un propósito y, con el tiempo, se enriquecen con nuevos usos y afectos.
Los hacemos nuestros. Estas fronteras entre la ciudad y el mar, entre lo construido y lo natural, se convierten en auténticos “lugares de memoria” a través de los apegos y emociones, pues en ellos se acumulan acontecimientos, vivencias y sentimientos.
El Puerto de València es un ejemplo excepcional. Esta obra de ingeniería, creada para facilitar el atraque de buques y el comercio, ha demostrado una increíble capacidad para adaptarse a diversos usos culturales, espirituales, deportivos y de ocio. Uno de sus elementos más icónicos, la torre del Reloj, no solo marcaba las horas de la jornada de trabajo y las salidas y llegadas de viajeros, sino que, con su verticalidad, evoca tanto un faro como un campanario. No es casualidad que en su base se encuentre la placa conmemorativa a la llegada del Cristo del Grao.
Las fotografías que aquí se presentan capturan algunos de los muchos usos que los valencianos, especialmente los vecinos de los barrios marineros, distritos singulares con marcada identidad, han dado al entorno portuario a lo largo de la Edad Contemporánea. Desde la subsistencia hasta la prosperidad, transitando por el hedonista disfrute y la espiritual devoción, estas imágenes muestran las diversas formas de vivir el Puerto.



